Ser funcionario de una institución educativa pública significa mucho más que cumplir una función o desempeñar un cargo. Significa tener la oportunidad de contribuir, desde nuestro trabajo diario, a la formación y al bienestar de las nuevas generaciones.
Cada tarea que realizamos, cada decisión que tomamos y cada palabra que dirigimos a un estudiante, a una familia o a un compañero puede dejar una huella. Por eso, nuestro trabajo debe estar guiado no solamente por la responsabilidad y el cumplimiento de nuestras obligaciones, sino también por el respeto, la empatía, la honestidad, la solidaridad y el compromiso con el servicio a la comunidad.
Una institución educativa avanza cuando sus integrantes comprenden que el propósito común está por encima de los intereses individuales.
Docentes, directivos, administrativos y demás funcionarios tenemos responsabilidades diferentes, pero hacemos parte de un mismo equipo. El trabajo colaborativo implica escuchar, aportar ideas, compartir conocimientos, apoyar al compañero cuando lo necesita y comprender que los logros de la institución son el resultado del esfuerzo de muchas personas.
Nadie educa solo. Nadie construye una institución solo.
Por eso, debemos procurar una comunicación respetuosa y efectiva, resolver nuestras diferencias mediante el diálogo y construir relaciones laborales basadas en la confianza y el reconocimiento mutuo.
Como funcionarios públicos, tenemos el deber de ejercer nuestras funciones con responsabilidad, transparencia, imparcialidad, eficiencia y respeto por la dignidad de las personas.
Nuestro compromiso con la institución y con la comunidad implica:
Cumplir responsablemente las funciones asignadas y los horarios establecidos.
Actuar con honestidad, transparencia e integridad.
Utilizar adecuadamente los recursos públicos y proteger los bienes de la institución.
Tratar con respeto y dignidad a estudiantes, padres de familia, compañeros y demás miembros de la comunidad.
Cumplir las normas y procedimientos que regulan nuestra labor.
Evitar cualquier forma de discriminación, maltrato, acoso o abuso de nuestra posición.
Guardar la debida reserva sobre la información que, por razón de nuestras funciones, deba ser protegida.
Atender las necesidades de la comunidad educativa con disposición, diligencia y sentido de servicio.
Promover soluciones antes que conflictos y aportar constructivamente al mejoramiento institucional.
Comprender que nuestras actuaciones representan no solo a una persona, sino a una institución pública al servicio de la sociedad.
Una institución eficiente no es aquella en la que simplemente se cumplen procedimientos. Es aquella que logra sus objetivos sin perder de vista a las personas.
Detrás de cada estudiante hay una historia, una familia, unas dificultades, unos sueños y unas expectativas. Detrás de cada padre de familia hay una persona que confía en nosotros para acompañar la educación de sus hijos. Y detrás de cada funcionario hay también un ser humano que enfrenta sus propios desafíos, que necesita ser escuchado, respetado y valorado.
Por eso, aspiramos a construir un ambiente de trabajo positivo, organizado, respetuoso y eficiente, pero también humano.
Ser profesionales no significa dejar de ser personas.
Podemos exigir responsabilidad sin perder la empatía.
Podemos corregir sin humillar.
Podemos ser firmes sin ser agresivos.
Podemos señalar un error sin desconocer los esfuerzos de quien lo cometió.
Podemos resolver conflictos sin convertirlos en enfrentamientos.
Podemos trabajar con excelencia sin olvidar que todos necesitamos, en algún momento, comprensión y apoyo.
El ambiente institucional no depende únicamente de las directivas ni de una norma escrita. Se construye todos los días con nuestras acciones.
Cada saludo, cada palabra de reconocimiento, cada gesto de colaboración, cada conversación respetuosa y cada decisión tomada pensando en el bien común contribuyen a crear el lugar en el que queremos trabajar y en el que nuestros estudiantes merecen aprender.
Queremos una institución donde sea posible trabajar con seriedad y alegría, exigir con respeto, dialogar con confianza, reconocer los errores, celebrar los logros y ayudarnos mutuamente a mejorar.
Porque educar también es enseñar con el ejemplo.
Nuestros estudiantes no solamente aprenden de lo que les decimos en el aula. También observan cómo nos tratamos, cómo enfrentamos las dificultades, cómo resolvemos nuestras diferencias y cómo respondemos cuando alguien necesita nuestra ayuda.
Por eso, nuestro comportamiento cotidiano también educa.
Nuestro compromiso es hacer de la institución un espacio donde cada funcionario pueda aportar lo mejor de sí mismo y donde cada integrante de la comunidad se sienta respetado, escuchado y valorado.
Trabajemos con responsabilidad porque somos servidores públicos.
Trabajemos con excelencia porque nuestros estudiantes lo merecen.
Trabajemos unidos porque los grandes resultados se construyen en equipo.
Y trabajemos con humanidad porque, antes que cargos, funciones o responsabilidades, somos personas al servicio de otras personas.
Cada uno aporta una parte. Juntos construimos la institución que queremos.
“La excelencia de una institución no se mide únicamente por lo que logra, sino también por la manera en que trata a las personas mientras lo consigue.”